YA 20 AÑOS DE SU PARTIDA Y EL RECUERDO PERMANENTE A WALTER TANONI.

El joven piloto de Turismo Nacional, tenia 31 años y punteaba del campeonato de la Clase 3, falleció en la madrugada de aquel 22 de Septiembre, el accidente ocurrido en las cercanías de la ciudad santafecina de Firmat. Walter Tanoni se dirigía desde la ciudad de Lincoln hacia Bombal su ciudad natal, a bordo de un Peugeot 405 que el mismo conducía y chocó la parte trasera a un camión que circulaba en su misma dirección. El piloto falleció por un severo traumatismo de cráneo, era casado y padre de un pequeño hijo, con el que acostumbraba subir al podio cada vez que lograba un triunfo.

Marcelo “Machete” Esteban contó el sábado en la carrera «Ese día pasó por el taller y estaba entusiasmado con armar el auto de TC. Quería hablar con Balestrini». El fue uno de los últimos en ver con vida a Tanoni, el motorista de Lincoln, que le suministraba los motores del Escort XR3 que lo consagraría campeón postmortem.
Cuando se corrió la última competencia desde las series se comenzó a presentir que sería el campeón, Stambul corto el cable del acelerador en su serie y dejo al Ford tirado a un costado de la pista, el “Cachi” Canela no tenia una buena serie y se ubicaba en el puesto 26º para largar la final.
Antes de largarse la final “Machete” se abrazo Irene y Luis (los padres de Walter) y lloran. ¿Saben por qué? Porque ese Escort XR3 amarillo y al que le pusieron el 1 no es manejado por Walter Tanoni, el campeón. En la butaca está Hernán Bradás, un amigo de Walter.
El equipo del infortunado piloto hizo el resto: puso en pista el mismo auto que conducía Walter, esta vez en las manos de Bradás, y el hombre no les falló. Consiguió una victoria que no admitió objeciones en su debut en la categoría.
Omar Tanoni (hermano de Walter) luchaba en el segundo pelotón con otro Escort, empecinado en cumplir el objetivo que se trazó desde aquel fatídico día, llevar el título a Bombal.
Y si bien todo se definió cuando Canela entró en los boxes tras un toque con Ariel Divito, Omar siguió creciendo y se convirtió en una de las figuras del día. Llegó hasta el quinto lugar y sus colaboradores le ofrendaron el simbólico número 1, como homenaje a su hermano.
Entre lágrimas y puños crispados para celebrar, llegó el final. Y como se leía en las remeras de los mecánicos de Bradás y de Tanoni, «Bombal ya tiene su campeón».
En el podio no había alegría, tampoco esta Luquitas el hijo de Walter que siempre acompañaba a su padre cada vez que hacia podio, tampoco esta Cecilia que prefirió quedarse en Bombal para mitigar su dolor

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